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Cenizas, oro y tierra colorada (Tercera y última entrega)

Miércoles 27 de julio

4.35 AM

Me despierto sobresaltada sin motivo aparente. Al ver la hora, me doy media vuelta y retomo el descanso.

8.10 AM

Me levanto para ducharme y arreglarme.

9.05 AM

Terminamos de desayunar, lamentando lo desagradable que es el café. Antes de emprender el camino hacia el aeropuerto recorremos un poco el exterior de la posada.

Todo lo que nos rodea es una bruma espesa e insondable, porque no sólo estamos en medio de la selva sino además a la orilla de un río.



9.45 AM

El auto nos deja en el aeropuerto, incrementando nuestros expenditures en transporte (entre una cosa y otra, todo traslado implica 60 km y el subsecuente desembolso). Por suerte el lunes pasé por el cajero, pensando que iba a señar el dichoso departamento, así que contamos con algo más de dinero que el que llevaría a un viaje de un día.

9.57 AM

En el mostrador de Aerolíneas nos atiende una muchacha que con poco entusiasmo nos informa que hasta el mediodía no hay novedades, y que lo único que puede hacer es anotarnos en la lista de espera. Claro que como hay unos ocho vuelos diarios que ya de por sí van llenos, nuestras posibilidades no son precisamente las mejores.

C intenta averiguar en qué lugar de esa lista nos encontramos. Con la misma buena predisposición, la muchacha dice por toda respuesta "Y... la lista es variable, no te puedo decir".

11.50 AM

Nos hemos pasado toda la mañana en el aeropuerto, tomando un café un poco más razonable y esperando que nos confirmen algo, cualquier cosa.

Por el altoparlante anuncian que el vuelo en el que nos habían anotado ha sido cancelado. Maldito volcán.

12.58 PM

Mientras almorzamos hacemos algunos números: a este paso vamos a gastar lo mismo en ir y venir en auto entre la ciudad y el aeropuerto que si alquilamos uno por el día, lo cual tendría el beneficio de no depender de terceros. C llama a nuestro jefe y le consulta, felizmente tenemos vía libre.

Llamamos a la camarera para pagar, y bajamos a Avis.

1.06 PM

Avis cerró hasta media tarde, respondiendo a esa linda costumbre de la siesta que persiste en gran parte del país. OK, hace un calor de muerte, pero es un aeropuerto internacional, ¿¿¿cómo se les ocurre cerrar???

1.08 PM

Alquilar auto no es una opción, habrá que pedir otro remise. Vamos al cajero a sacar plata, y casi no nos sorprende descubrir que está fuera de servicio.

La tarde anterior uno de nuestros compañeros sugirió que si teníamos un rato libre no fuéramos a las cataratas, porque con la mala suerte que parece perseguirnos hasta puede que logremos secarlas. Comienzo a pensar que no está tan alejado de la realidad.

2.30 PM

Elegimos una opción más económica: hay un transfer que te deposita en el punto de la ciudad que solicites, así que pedimos ir al banco. Por supuesto ni bien salimos del cajero se larga una lluvia nada despreciable, así que saco el paraguas.

3.00 PM

Frente al panorama lleno de escollos, C sugiere un plan por demás entretenido: siendo punto de triple frontera, entre otras maravillas hay un gran Duty Free en tierra. No dejo que lo piense demasiado, después de todo no cualquier día tu jefe dice "Vayamos de compras". Tomamos otro remise más.

3.40 PM

Salgo feliz, con un perfume nuevo, otro para mamá, y un delineador.

4.07 PM

Pedimos al chofer que nos deje en algún lugar donde podamos conectarnos con wi-fi. Evidentemente la consigna no fue clara, porque nos deposita en un cyber café bastante maltrecho.

5.30 PM

Después de dar vueltas por la zona buscando infructuosamente dónde conectarnos, nos resignamos y tomamos un taxi hacia el segundo hotel, donde nos quedaremos si no tenemos vuelo a la noche.

9.00 PM

No hemos tenido confirmación de regreso, así que usamos el resto de la tarde en refrescarnos un poco (hace como 26 °C y nuestra ropa no es exactamente de verano), intentar responder algunos mails y adelantar algo de trabajo. C ya intercambió varios llamados con el muchacho de la agencia de turismo, que sugirió dejarnos de listas de espera y sacar un nuevo pasaje en el vuelo de la 1.45 PM al día siguiente.

11.20 PM

Es tal el agotamiento que tengo que caigo rendida sin apagar la luz ni sacarme las lentes de contacto.

Jueves 28 de julio

10.45 AM

Todos los huéspedes andan de acá para allá en short, relajados, yendo hacia la pileta. Nosotros somos los únicos que estamos dale y dale con la notebook y cara de "me quiero ir de acá de una maldita vez por todas".

Nos pasa a buscar el remise para ir al aeropuerto. Esperamos con todo nuestro corazón que sea el último.

11.30 AM

Hacemos el check in. Para mis adentros pienso que no es garantía de nada, y que sólo me lo voy a creer cuando el avión esté carreteando en Buenos Aires.

1.35 PM

Ya almorzamos, hicimos control de migraciones, y estamos esperando pacientemente embarcar. Un turista presumiblemente francés se nos acerca preocupado, haciendo notar que si el vuelo sale en diez minutos ya tendríamos que estar abordo. No sé si reírme en su cara recordándole que el pasaje es de Aerolíneas Argentinas y que la demora es casi tan certera como la tasa de aeropuerto, o darle un abrazo compasivo.

2.00 PM

El chiste de cambiar de vuelo implicó un upgrade inútil a Business Class, pero como es la primera vez que caigo tan cerca de la cabina no puedo evitar asomarme al pasillo desde mi asiento y sacar una foto.

El comandante nota esto y me dice:

- ¡Pero vení a sacarla más cerca, entrá tranquila!

So much for safety regulations.

2.12 PM

Estar sentada tan adelante tiene otros condimentos: me toca escuchar todos los controles que hacen las azafatas antes del despegue, por ejemplo el conteo de pasajeros.

Aparentemente, una mujer del personal de tierra (a quien se refieren con adjetivos que no denotan inteligencia) no les está dando el dato para cruzar con la cantidad de gente que contaron visualmente.

- ¡Decile que te pase el conteo de almas!

La frase me parece contemporánea del Titanic, y quite frankly un poco tétrica.

2.14 PM

El diálogo del conteo finaliza:

- ... o sea que 126 almas. Bueh, menos la del comandante, que la perdió hace rato.

4.20 PM

Aterrizamos en Buenos Aires.

4.45 PM

El remise que debe llevarme a mi casa no aparece. Lo llaman. Que sí, que está, que el chofer tiene camisa rosa.

Mientras sigo en la dulce espera (Diooooos, me quiero ir!!!), una mujer parada a escasos metros de distancia nota que perdió de vista a su hijo pequeño.

4.52 PM

El crío aparece, el chofer aparece, fin del viaje... falta el epílogo: los comentarios que originó nuestra prolongada ausencia.

Cenizas, oro y tierra colorada (Primera entrega)

Pocas semanas después de lo relatado en detalle en los primeros episodios acerca de los efectos insospechados del volcán Puyehue, la que suscribe tuvo el gusto (?) de vivir nuevas aventuras.

Sábado 23 de julio

2.12 PM

Mi hermana me acompaña a ver un departamento, lo cual es toda una ocasión porque es la primera vez que logro concertar una visita a uno que me interese.

El agente inmobiliario (el título le queda un poco holgado) nos hace pasar y muestra living y dormitorio. Ya me había avisado por teléfono que el placard era chico; honestamente mi ropa entraría un poco a presión, pero no hay lugar ni para un juego de toallas. El baño no es la gran cosa, la cocina deja un poco que desear, esto no va a prosperar pero al menos es un avance hacia la realidad de una mudanza en el corto plazo.

4.30 PM

Después de almorzar algo en la zona de la visita volvemos a casa; mientras me cambio para ir al gimnasio reviso el sitio inmobiliario. Encuentro otro aviso que me interesa, envío un mensaje para arreglar la visita.

7.15 PM

Al regresar del gimnasio me encuentro con un mail de respuesta de la agente inmobiliaria, con un teléfono de contacto. Como los departamentos lindos duran poco en el mercado, hago a un lado los pruritos de "es casi sábado a la noche" y la llamo. Quedamos para el lunes a la noche, a mi regreso del trabajo... dada la lejanía de mi oficina, lamentablemente no puedo verlo durante el día. Mis papás están de viaje, se fueron a pasar el fin de semana a Rosario; llamo a mi madre para que libere su agenda el lunes por la noche... esta no es una decisión para tomar sola.

Domingo 24 de julio

7.30 PM

Vamos con mi hermana al cine a ver la última película de Harry Potter. Es una tradición que mantenemos hace tiempo: vamos para indignarnos y comentar todos los puntos que no se respetaron en la adaptación. El problema es que no logramos dejar de ir... es como esas cosas que uno ama odiar.

9.57 PM

Salimos reflexionando sobre si los realizadores siquiera habrán abierto el libro antes de filmarla.

Lunes 24 de julio

9.15 AM

Empiezo la semana con tremendos nervios: toda la maniobra tiene un margen de error mínimo (al día siguiente tengo la visita a un cliente en el noreste), y eso dejando de lado que el día en el trabajo va a ser larguísimo porque es cierre de mes.

10.30 AM

La llamo a la muchacha de la inmobiliaria para terminar de confirmar el horario. Me dice que la dueña del departamento está de vacaciones y que le dejó las llaves al portero, así que no las tiene en su poder. Que la vuelva a llamar a la tarde, cuando tendrá más precisiones. Que además hay ocho personas que quieren visitarlo.

Esto último no hace más que aumentar mi angustia. Llamo a mi madre para ponerla al tanto. Que el proceso tenga algo de emoción, OK, ahora tanta adrenalina de complicaciones no me gusta.

3.30 PM

El cielo se pone repentinamente negro, lo cual no es totalmente sorpresivo porque habían pronosticado lluvias...

4.15 PM

... lo que no habían anunciado era que se venía el fucking fin del mundo, en la forma de una tormenta que descarga toda su furia sobre Buenos Aires y alrededores. Aquellos que dejaron el auto a descubierto se horrorizan al ver que graniza con ganas.

5.45 PM

A sólo quince minutos del horario de salida, las luces comienzan a parpadear, hasta que finalmente la fase de alimentación de las PCs decide morir. Ruego que los 17 Excels que tenía abiertos estuvieran más o menos actualizados cuando los salvé la última vez.

5.55 PM

Dadas las condiciones climáticas, tengo un rapto de pragmatismo: me cambio mis adorados zapatos marrones comprados de oferta en NY por los de seguridad que usaba en el depósito.

6.12 PM

El cambio de calzado fue muy acertado: en la esquina por la que salimos se ha derrumbado un poste de luz por el viento y la policía está cortando el tránsito, por lo que debemos caminar unos 100 metros para tomar la combi, saltando grandes ramas caídas y varios charcos. Cuando finalmente estamos abordo comprobamos que a pesar de utilizar paraguas, parecemos recién salidos de un lavarropas.

6.45 PM

El tránsito por la Panamericana es más lento de lo normal. El diluvio no para: en los tiempos que corren, los animales hubieran formado un sindicato y se hubieran negado a subir al arca con Noé.

Voy sentada en la punta del asiento, rogando llegar de una vez por todas a mi casa, confirmar el horario y salir a visitar el departamento, así tenga que pedirle al vecino del piso 11 el kayak que tiene colgado en el garage. No me importa no tener la mochila hecha, ni dormir dos horas (porque me tengo que levantar 5 AM para tomar el vuelo a la mañana siguiente).

7.03 PM

Llamo nuevamente a la mujer esta. No responde.

7.25 PM

Llego a casa empapada pero en una pieza. Llamo nuevamente. Me dice que todavía no tiene las llaves, y que me avisa si hay novedades.

9.30 PM

Ya cenamos y ni noticias. Empiezo a resignarme y a rezar para que mientras estoy de viaje no lo reserve nadie... aunque las posibilidades son cuasi inexistentes. Armo la mochila con los básicos para el viaje: mis dos cuadernos, el disco rígido externo, billetera, paraguas (anuncian lluvias y tormentas en la ciudad de destino, que además queda en zona semi tropical).

Reflexiono sobre la experiencia que nos tocó vivir en el viaje a Chaco, y resuelvo por las dudas armar un kit de supervivencia: la ropa súper básica para un día adicional al previsto, maquillajes y pinceles de viaje, líquido y contenedor para las lentes de contacto.

Cenizas volcánicas y voces fantasmales (Tercera y última entrega)

Jueves 9 de junio

6.10 AM

Suena la alarma de mi celular. Suena el teléfono de la habitación, porque por las dudas pedí a los del front desk que me despertaran. Entre maldiciones debidas al cansancio me meto en la ducha, bajo mails (a esa hora la conexión tiene una velocidad más razonable), cierro mochila y bolso porque debo irme a otro hotel (confirmado a último momento por mail la tarde anterior). Bajo al lobby, anuncio que me voy y aprovecho para desayunar rápidamente porque:

1) Supuestamente me pasan a buscar 7.20.

2) Estoy sola, y no me gusta comer sola en lugares públicos.

7.40 AM

Lo suficientemente tarde como para que engullera dos tostadas, un café con leche y un jugo me buscan el otro vendedor y el jefe de ventas. En medio de una intensa niebla que no me gusta ni un poco emprendemos el viaje de 200 kilómetros hacia el segundo cliente a visitar.

7.45 AM

Suena mi celular, es C. "Qué raro, si el vuelo salía a las 7.00...", pienso.

- Hola?

- No sabés lo que me pasó! Me quedé dormido, salí corriendo del hotel sin poder ni ducharme, llegué 6.55 al aeropuerto pensando que perdía el vuelo... está cancelado hasta las 10 por la nube en Buenos Aires!

- MALÍSIMOOOOOO!

Pasadas las 10 AM

Llegamos al segundo distribuidor, mantenemos otra reunión de más de dos horas, por suerte muy productiva también.

Pasado el mediodía

Emprendemos el regreso a Resistencia. El celular suena nuevamente: C sigue varado en el aeropuerto, a la espera de novedades que prometieron darle a las 2.00 PM

2.30 PM

Paramos a comer algo rápido en una estación de servicio en medio de la ruta. Al vendedor le suena el celular: es C, que intenta comunicarse conmigo infructuosamente, porque dejé mi teléfono en el auto.

- Me cancelaron el vuelo! Hablé con M (nuestro gerente), dice que volvamos en micro, que si no vamos a estar clavados acá todo el fin de semana. Yo me estoy yendo a la terminal a comprar el pasaje, querés que te saque uno a vos o esperás a ver qué pasa con tu vuelo mañana?

Vacilo un momento ante esta situación digna de libro de Elige tu propia aventura. La perspectiva del fin de semana en la provincia de Chaco no me atrae ni un poco, pero el viaje en micro tampoco es la mejor de las opciones porque implica 12 horas de noche en una ruta que no es precisamente lo mejor que existe... Esto sumado a que dormir en movimiento no es lo mío.

Mi respuesta demora aún más porque un sujeto x se acerca a nuestra mesa y nos pregunta si el auto del jefe de ventas es nuestro, porque caído al lado encontró mi teléfono (?????).

- Juli, qué hago con los pasajes?

- Y... sacalos y después vemos.

4 PM

Llegamos a las oficinas, donde C está desde hace un rato. Si hay algo que me encanta de él es que nunca pierde la calma ni se enoja. Sin embargo, las sucesivas reprogramaciones devenidas en cancelación del vuelo, la falta de sueño y de ducha matinal, la ausencia de almuerzo y la perspectiva de 12 horas en micro parecen haberle despertado algo semejante a un pequeño mal humor.

6.30 PM

D nos lleva al depósito del distribuidor con el que cenamos la noche anterior. La rutina de las fotos se repite: mientras C habla con el cliente, nuestro vendedor estrella se las arregla para quedarse al lado mío y hacer comentarios sobre mi cámara y no sé qué más.

7.30 PM

D nos deja en la terminal de micros. Los vuelos siguen cancelados, así que me resigno y me preparo para viajar durante el equivalente a medio día, intentando ignorar que me bañé a las 6.10 y que por lo tanto voy a amanecer con el pelo hecho un espanto al lado de mi jefe.

8.30 PM

El micro llega tarde, nos subimos y vamos a nuestros asientos. Agotados y tratando de mantener el espíritu, nos reímos de lo mal que nos salió casi todo lo planificado para el viaje. C tiene la esperanza de al menos poder aprovechar para dormir; yo no puedo decir lo mismo.

9.20 PM

Desde que nos subimos, un hombre sentado a escaso metro y medio de distancia no ha parado de hablar por su teléfono. Como no pone ningún cuidado en bajar la voz, nos enteramos de que se dedica a la compra-venta de autos usados, de que igual que nosostros no pudo volar y debió sacar el pasaje a último momento, y de todos los detalles de sus negocios acutales. Cualquiera diría que está hablando con toda su lista de contactos, porque los llamados se suceden uno tras otro sin pausa alguna.

10.03 PM

El hombre sigue hablando. Transferencias. Sucesiones. Kilometraje. Modelos. Precio. Condiciones de financiación.

C tiene un brillo asesino en los ojos.

Viernes 10 de junio

2.06 AM

Tal cual me imaginé, no logro descansar demasiado rato seguido. Tras que no se me da lo de dormir viajando, intento mantenerme en una posición en la que no se me corra el maquillaje ni el pelo se me desacomode tanto porque después de todo pretendo mantener una imagen medianamente profesional.

5.00 AM

En medio de un estado de somnolencia y por motivos que no logro determinar, me doy cuenta de que no nos estamos moviendo. Uno de los choferes del micro (que es de dos pisos) sube y anuncia:

- El coche se rompió. Quiénes van para Retiro? En unos minutos llega otro micro y pueden seguir en ese.

C se despierta incrédulo ante las noticias. Yo en cambio no puedo hacer otra cosa que no sea reírme, porque después de todo lo que pasó ni siquiera encuentro absurdo estar en el medio de la ruta en la madrugada.

5.10 AM

Llega el otro micro, bajamos del nuestro. En plena oscuridad la gente debe bajar a buscar sus bolsos en la "bodega"; por suerte tuve la astucia de llevar el mío arriba, lo cual no me exime de caminar por el barro al costado del camino.

5.15 AM

Subimos al otro micro, que no es tan cómodo ni... ventilado como el nuestro. Encontramos dos asientos arriba al fondo, hacia allí vamos. Elijo ni sacarme el abrigo y sentarme así nomás, y hacer lo que me parece más evidente en semejante situación: peinarme y retocarme el maquillaje.

8.20 AM

Ya deberíamos estar en Buenos Aires, pero debido a la avería y a que el segundo micro hace un recorrido con más paradas todavía estamos en Gualeguaychú.

10.30 AM

C llega a una conclusión brillante: tras que ya de por sí es un caos, Retiro va a estar colapsado por las cancelaciones de vuelos y subsecuentes reemplazos por micros. Decide preguntar a los choferes si entre las 754 paradas una es la de Panamericana y Ruta 197, donde hay una mini estación de buses.

La idea me parece fabulosa porque:

1) En efecto, es previsible que todo sea un maldito caos.

2) La entrada a Retiro suele demorar fácilmente media hora, y lo único que quiero es ir a bañarme.

11.00 AM

Felizmente sí podemos bajar donde queríamos.

11.17 AM

Llegan a buscarnos los respectivos taxis, nos despedimos deseándonos un fin de semana de paz y descanso. C me pide que lo llame cuando llegue para verificar que todo terminó bien.

11.53 AM

A escasas cuadras de mi casa de alguna forma todos los semáforos parecen detenernos. Estoy a un tris de decirle al señor que me deje bajar, que quiero llegar de una maldita vez.

12.02 PM

Entro a casa, tiro todo -mochila, bolso, impermeable- por ahí, entro en la ducha como si de ello dependiera mi vida. Sólo al terminar de bañarme llamo para avisar que he sobrevivido.

Cenizas volcánicas y voces fantasmales (Segunda entrega)

Miércoles 8 de junio

8.05 AM

El plan original era que yo viajara el martes, tuviera la primera reunión, y que el miércoles mi jefe volara para encontrarnos allá e ir a las otras dos. Por cómo rearmamos la agenda tenemos que viajar juntos el miércoles, tener sólo una de las dos reuniones; él volvería el jueves temprano y yo tendría las otras dos durante ese día, volviendo a Buenos Aires en el primer vuelo del viernes.

Llego al aeropuerto, C (mi jefe) había llegado demasiado temprano y hecho el check in, así que voy al mostrador antes de juntarme con él en un café.

- Hola, viajo en el vuelo a Corrientes de las 9.55... estoy con otra persona que ya hizo el check in, me podrás dar un asiento cerca si te doy el nombre?

- No te puedo dar esa información. Querés pasillo o ventanilla?

- Ventanilla.

Sí, un canto a la buena predisposición. Extrañamente, me toca al lado de C.

9.55 AM

El vuelo sale milagrosamente a tiempo. En rigor de verdad, el milagro es doble:

1) Sale, porque la nube se había corrido.

2) Sale a tiempo, algo que no caracteriza a Aerolíneas.

11.20 AM

Nos busca otro vendedor (no el que interesa para esta historia) en el aeropuerto de Corrientes. Como total hay tiempo, nos pasea un poco antes de alcanzarnos hasta el hotel para dejar el equipaje y almorzar.

12.10 PM

En el momento de hacer check in nos comunican que no puedo prolongar mi estadía ni hacer late check out al día siguiente porque el hotel está completo. Ajá, otra empleada buena onda, ya vamos tres. Por suerte he viajado mucho con mi amigo JT, y tanta incertidumbre ya no me hace entrar en estado de colapso.

No puedo evitar sorprenderme al notar que el hotel en el que nos quedaremos es un tremendo cuatro estrellas que no encaja en lo más mínimo en el lugar en el que se encuentra.

3.15 PM

Después de almorzar nos pasan a buscar el jefe de ventas y D, el famoso vendedor.

Antes de viajar le había contado a mi hermana toda la historia de la voz y las expresiones y las charlas prolongadas, y le dije "Me lo imagino un poco más grande que yo, tipo 30 años, un desastre de aspecto pero con mucha onda".

Bueno, resulta que me había confundido radicalmente. D debe rondar los 38, y guarda un sorprendente parecido con Isidoro Cañones. Aunque nunca lo dijo directamente ni tiene anillo que lo señale deduzco que está casado, lo cual hace bastante extraños algunos puntos del upcoming relato.

Viajamos una hora y pico hasta la ciudad donde tendríamos la primera reunión. No viene al caso ahondar en detalles, así que dejémoslo en que fue muy productiva. Cuando terminamos aprovecho para sacar algunas fotos del depósito y de la parte exterior de las instalaciones; curiosamente mientras yo hago esto D se queda conmigo en modo small talk.

8.50 PM

Volvemos a Resistencia, la ciudad en la que estábamos parando, para cenar en el hotel con C, el jefe de ventas, D y uno de los clientes a los que íríamos a visitar al día siguiente (C quería aprovechar para verlo antes de volver).

11.55 PM

Agotada después de todo el día y habiendo perdido media hora intentando conectarme al wifi del hotel desde mi cuarto, me desmayo en la cama.

Cenizas volcánicas y voces fantasmales (Primera entrega)

Sábado 4 de junio

6 PM

Mientras estoy con el iPod en una de las bicis del gimnasio, veo en la tele que ha entrado en erupción un volcán en la Patagonia chilena, no demasiado lejos de Bariloche. Las imágenes muestran las ciudades de la zona cubiertas de ceniza, y los títulos informan las medidas de precaución que se van tomando a causa de este inusual fenómeno. "Estos chilenos vienen con unos meses..." pienso, recordando los terremotos del año anterior y el accidente de los mineros, pero no le doy mayor trascendencia a la noticia porque vivimos en una tierra donde el aluvión de acontecimientos inesperados es permanente.

Lunes 6 de junio

Temprano durante el día

Como tenía que dar dos clases en la facultad durante la tarde, no voy a la oficina. Mis tareas docentes cayeron en un arreglo poco conveniente porque

1) Los lunes no tengo la tarde libre, y

2) El martes me iba en una gira de visitas al noreste del país, y por supuesto no tengo el bolso listo ni las presentaciones armadas.

Pasadas las 2 AM

Exhausta después de mi labor educativa (!), me quedo preparando el bolso para los siguientes tres días. En un rapto de irresponsabilidad, me convenzo de que habrá suficientes tiempos muertos antes de la primera reunión como para armar rápidamente tres o cuatro slides con las ideas que necesito comunicar.

Martes 7 de junio

6 AM

Escasas cuatro horas después de acostarme suena la alarma, y mi madre termina de despertarme con un comentario poco feliz: "Aerolíneas está cancelando vuelos... el viento está trayendo para acá la nube de cenizas".

A veces uno tiene la extraña impresión de que sus circunstancias son más importantes que los grandes issues del planeta... bueno, yo me repito con mucha convicción "Esta gira no se va a cancelar" por varios motivos:

1) Para mí es prioritario juntarme con estos clientes, porque por mucho mail y teléfono del que dispongamos, nada en esta vida reemplaza verse las caras, sentarse alrededor de una mesa, tomar mate, conversar sobre dificultades y posibles soluciones.

2) Con mis compañeros y jefes armamos la agenda de viajes para todo el año, y el margen de reprogramación es algo a medio camino entre mínimo e inexistente.

3) (Y este es el motivo ridículo) Estoy muy intrigada por conocer a uno de los vendedores con los que hablo todo el tiempo. Desde la primera conversación telefónica -meses antes- encontré gracioso y horripilante en proporciones iguales que tuviera una voz y expresiones muy similares a alguien con quien salí hace tiempo… El resultado de tantas conversaciones sobre chocolates, vencimientos y despachos prioritarios es una curiosidad macabra, y claramente la ceniza volcánica no puede demorar más el momento de ponerle una cara a esa voz tan extrañamente familiar.

Bien, estábamos en que:

6 AM

- Aerolíneas está cancelado vuelos...

- No te lo puedo creer!

Me baño, entro en la página de Aerolíneas. El comunicado más reciente dice que mi vuelo está sujeto a reprogramación, pero no cancelado, y que se puede obtener más información en la sección Salidas y arribos. Click ahí: "La información del vuelo se actualizará cuando haya despegado". Wonderful! Llamo al 0800: "Nuestro horario de atención es entre las 8 AM...". Por supuesto, qué más se puede esperar?

7.45 AM

Me tomo el taxi que pedí la noche anterior y me voy al aeropuerto. Al llegar me informan que es posible que salga con algo de demora, así que como ya había hecho el web check in aprovecho para comprar algo en la farmacia y hacer tiempo. Cuando vuelvo al mostrador, una empleada me dice con total desparpajo que lo han cancelado, y que la actividad del aeropuerto queda suspendida hasta esa noche a las 11 PM.

Rápidamente reprogramo según lo que me parece la mejor opción, llamo al jefe de ventas de nuestro lugar de destino (es el que coordina a todos los venderores de la región), llamo a mi jefe, llamo al taxi, lo espero 40 minutos, vuelvo a casa y tengo un día altamente improductivo porque conectarse remotamente con el trabajo nunca es igual que estar ahí.

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