Cenizas volcánicas y voces fantasmales (Tercera y última entrega)
Jueves 9 de junio
6.10 AM
Suena la alarma de mi celular. Suena el teléfono de la habitación, porque por las dudas pedí a los del front desk que me despertaran. Entre maldiciones debidas al cansancio me meto en la ducha, bajo mails (a esa hora la conexión tiene una velocidad más razonable), cierro mochila y bolso porque debo irme a otro hotel (confirmado a último momento por mail la tarde anterior). Bajo al lobby, anuncio que me voy y aprovecho para desayunar rápidamente porque:
1) Supuestamente me pasan a buscar 7.20.
2) Estoy sola, y no me gusta comer sola en lugares públicos.
7.40 AM
Lo suficientemente tarde como para que engullera dos tostadas, un café con leche y un jugo me buscan el otro vendedor y el jefe de ventas. En medio de una intensa niebla que no me gusta ni un poco emprendemos el viaje de 200 kilómetros hacia el segundo cliente a visitar.
7.45 AM
Suena mi celular, es C. "Qué raro, si el vuelo salía a las 7.00...", pienso.
- Hola?
- No sabés lo que me pasó! Me quedé dormido, salí corriendo del hotel sin poder ni ducharme, llegué 6.55 al aeropuerto pensando que perdía el vuelo... está cancelado hasta las 10 por la nube en Buenos Aires!
- MALÍSIMOOOOOO!
Pasadas las 10 AM
Llegamos al segundo distribuidor, mantenemos otra reunión de más de dos horas, por suerte muy productiva también.
Pasado el mediodía
Emprendemos el regreso a Resistencia. El celular suena nuevamente: C sigue varado en el aeropuerto, a la espera de novedades que prometieron darle a las 2.00 PM
2.30 PM
Paramos a comer algo rápido en una estación de servicio en medio de la ruta. Al vendedor le suena el celular: es C, que intenta comunicarse conmigo infructuosamente, porque dejé mi teléfono en el auto.
- Me cancelaron el vuelo! Hablé con M (nuestro gerente), dice que volvamos en micro, que si no vamos a estar clavados acá todo el fin de semana. Yo me estoy yendo a la terminal a comprar el pasaje, querés que te saque uno a vos o esperás a ver qué pasa con tu vuelo mañana?
Vacilo un momento ante esta situación digna de libro de Elige tu propia aventura. La perspectiva del fin de semana en la provincia de Chaco no me atrae ni un poco, pero el viaje en micro tampoco es la mejor de las opciones porque implica 12 horas de noche en una ruta que no es precisamente lo mejor que existe... Esto sumado a que dormir en movimiento no es lo mío.
Mi respuesta demora aún más porque un sujeto x se acerca a nuestra mesa y nos pregunta si el auto del jefe de ventas es nuestro, porque caído al lado encontró mi teléfono (?????).
- Juli, qué hago con los pasajes?
- Y... sacalos y después vemos.
4 PM
Llegamos a las oficinas, donde C está desde hace un rato. Si hay algo que me encanta de él es que nunca pierde la calma ni se enoja. Sin embargo, las sucesivas reprogramaciones devenidas en cancelación del vuelo, la falta de sueño y de ducha matinal, la ausencia de almuerzo y la perspectiva de 12 horas en micro parecen haberle despertado algo semejante a un pequeño mal humor.
6.30 PM
D nos lleva al depósito del distribuidor con el que cenamos la noche anterior. La rutina de las fotos se repite: mientras C habla con el cliente, nuestro vendedor estrella se las arregla para quedarse al lado mío y hacer comentarios sobre mi cámara y no sé qué más.
7.30 PM
D nos deja en la terminal de micros. Los vuelos siguen cancelados, así que me resigno y me preparo para viajar durante el equivalente a medio día, intentando ignorar que me bañé a las 6.10 y que por lo tanto voy a amanecer con el pelo hecho un espanto al lado de mi jefe.
8.30 PM
El micro llega tarde, nos subimos y vamos a nuestros asientos. Agotados y tratando de mantener el espíritu, nos reímos de lo mal que nos salió casi todo lo planificado para el viaje. C tiene la esperanza de al menos poder aprovechar para dormir; yo no puedo decir lo mismo.
9.20 PM
Desde que nos subimos, un hombre sentado a escaso metro y medio de distancia no ha parado de hablar por su teléfono. Como no pone ningún cuidado en bajar la voz, nos enteramos de que se dedica a la compra-venta de autos usados, de que igual que nosostros no pudo volar y debió sacar el pasaje a último momento, y de todos los detalles de sus negocios acutales. Cualquiera diría que está hablando con toda su lista de contactos, porque los llamados se suceden uno tras otro sin pausa alguna.
10.03 PM
El hombre sigue hablando. Transferencias. Sucesiones. Kilometraje. Modelos. Precio. Condiciones de financiación.
C tiene un brillo asesino en los ojos.
Viernes 10 de junio
2.06 AM
Tal cual me imaginé, no logro descansar demasiado rato seguido. Tras que no se me da lo de dormir viajando, intento mantenerme en una posición en la que no se me corra el maquillaje ni el pelo se me desacomode tanto porque después de todo pretendo mantener una imagen medianamente profesional.
5.00 AM
En medio de un estado de somnolencia y por motivos que no logro determinar, me doy cuenta de que no nos estamos moviendo. Uno de los choferes del micro (que es de dos pisos) sube y anuncia:
- El coche se rompió. Quiénes van para Retiro? En unos minutos llega otro micro y pueden seguir en ese.
C se despierta incrédulo ante las noticias. Yo en cambio no puedo hacer otra cosa que no sea reírme, porque después de todo lo que pasó ni siquiera encuentro absurdo estar en el medio de la ruta en la madrugada.
5.10 AM
Llega el otro micro, bajamos del nuestro. En plena oscuridad la gente debe bajar a buscar sus bolsos en la "bodega"; por suerte tuve la astucia de llevar el mío arriba, lo cual no me exime de caminar por el barro al costado del camino.
5.15 AM
Subimos al otro micro, que no es tan cómodo ni... ventilado como el nuestro. Encontramos dos asientos arriba al fondo, hacia allí vamos. Elijo ni sacarme el abrigo y sentarme así nomás, y hacer lo que me parece más evidente en semejante situación: peinarme y retocarme el maquillaje.
8.20 AM
Ya deberíamos estar en Buenos Aires, pero debido a la avería y a que el segundo micro hace un recorrido con más paradas todavía estamos en Gualeguaychú.
10.30 AM
C llega a una conclusión brillante: tras que ya de por sí es un caos, Retiro va a estar colapsado por las cancelaciones de vuelos y subsecuentes reemplazos por micros. Decide preguntar a los choferes si entre las 754 paradas una es la de Panamericana y Ruta 197, donde hay una mini estación de buses.
La idea me parece fabulosa porque:
1) En efecto, es previsible que todo sea un maldito caos.
2) La entrada a Retiro suele demorar fácilmente media hora, y lo único que quiero es ir a bañarme.
11.00 AM
Felizmente sí podemos bajar donde queríamos.
11.17 AM
Llegan a buscarnos los respectivos taxis, nos despedimos deseándonos un fin de semana de paz y descanso. C me pide que lo llame cuando llegue para verificar que todo terminó bien.
11.53 AM
A escasas cuadras de mi casa de alguna forma todos los semáforos parecen detenernos. Estoy a un tris de decirle al señor que me deje bajar, que quiero llegar de una maldita vez.
12.02 PM
Entro a casa, tiro todo -mochila, bolso, impermeable- por ahí, entro en la ducha como si de ello dependiera mi vida. Sólo al terminar de bañarme llamo para avisar que he sobrevivido.
4:18 PM
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