Cenizas volcánicas y voces fantasmales (Segunda entrega)
Miércoles 8 de junio
8.05 AM
El plan original era que yo viajara el martes, tuviera la primera reunión, y que el miércoles mi jefe volara para encontrarnos allá e ir a las otras dos. Por cómo rearmamos la agenda tenemos que viajar juntos el miércoles, tener sólo una de las dos reuniones; él volvería el jueves temprano y yo tendría las otras dos durante ese día, volviendo a Buenos Aires en el primer vuelo del viernes.
Llego al aeropuerto, C (mi jefe) había llegado demasiado temprano y hecho el check in, así que voy al mostrador antes de juntarme con él en un café.
- Hola, viajo en el vuelo a Corrientes de las 9.55... estoy con otra persona que ya hizo el check in, me podrás dar un asiento cerca si te doy el nombre?
- No te puedo dar esa información. Querés pasillo o ventanilla?
- Ventanilla.
Sí, un canto a la buena predisposición. Extrañamente, me toca al lado de C.
9.55 AM
El vuelo sale milagrosamente a tiempo. En rigor de verdad, el milagro es doble:
1) Sale, porque la nube se había corrido.
2) Sale a tiempo, algo que no caracteriza a Aerolíneas.
11.20 AM
Nos busca otro vendedor (no el que interesa para esta historia) en el aeropuerto de Corrientes. Como total hay tiempo, nos pasea un poco antes de alcanzarnos hasta el hotel para dejar el equipaje y almorzar.
12.10 PM
En el momento de hacer check in nos comunican que no puedo prolongar mi estadía ni hacer late check out al día siguiente porque el hotel está completo. Ajá, otra empleada buena onda, ya vamos tres. Por suerte he viajado mucho con mi amigo JT, y tanta incertidumbre ya no me hace entrar en estado de colapso.
No puedo evitar sorprenderme al notar que el hotel en el que nos quedaremos es un tremendo cuatro estrellas que no encaja en lo más mínimo en el lugar en el que se encuentra.
3.15 PM
Después de almorzar nos pasan a buscar el jefe de ventas y D, el famoso vendedor.
Antes de viajar le había contado a mi hermana toda la historia de la voz y las expresiones y las charlas prolongadas, y le dije "Me lo imagino un poco más grande que yo, tipo 30 años, un desastre de aspecto pero con mucha onda".
Bueno, resulta que me había confundido radicalmente. D debe rondar los 38, y guarda un sorprendente parecido con Isidoro Cañones. Aunque nunca lo dijo directamente ni tiene anillo que lo señale deduzco que está casado, lo cual hace bastante extraños algunos puntos del upcoming relato.
Viajamos una hora y pico hasta la ciudad donde tendríamos la primera reunión. No viene al caso ahondar en detalles, así que dejémoslo en que fue muy productiva. Cuando terminamos aprovecho para sacar algunas fotos del depósito y de la parte exterior de las instalaciones; curiosamente mientras yo hago esto D se queda conmigo en modo small talk.
8.50 PM
Volvemos a Resistencia, la ciudad en la que estábamos parando, para cenar en el hotel con C, el jefe de ventas, D y uno de los clientes a los que íríamos a visitar al día siguiente (C quería aprovechar para verlo antes de volver).
11.55 PM
Agotada después de todo el día y habiendo perdido media hora intentando conectarme al wifi del hotel desde mi cuarto, me desmayo en la cama.
4:10 PM
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