Cenizas, oro y tierra colorada (Tercera y última entrega)
Miércoles 27 de julio
4.35 AM
Me despierto sobresaltada sin motivo aparente. Al ver la hora, me doy media vuelta y retomo el descanso.
8.10 AM
Me levanto para ducharme y arreglarme.
9.05 AM
Terminamos de desayunar, lamentando lo desagradable que es el café. Antes de emprender el camino hacia el aeropuerto recorremos un poco el exterior de la posada.
Todo lo que nos rodea es una bruma espesa e insondable, porque no sólo estamos en medio de la selva sino además a la orilla de un río.

9.45 AM
El auto nos deja en el aeropuerto, incrementando nuestros expenditures en transporte (entre una cosa y otra, todo traslado implica 60 km y el subsecuente desembolso). Por suerte el lunes pasé por el cajero, pensando que iba a señar el dichoso departamento, así que contamos con algo más de dinero que el que llevaría a un viaje de un día.
9.57 AM
En el mostrador de Aerolíneas nos atiende una muchacha que con poco entusiasmo nos informa que hasta el mediodía no hay novedades, y que lo único que puede hacer es anotarnos en la lista de espera. Claro que como hay unos ocho vuelos diarios que ya de por sí van llenos, nuestras posibilidades no son precisamente las mejores.
C intenta averiguar en qué lugar de esa lista nos encontramos. Con la misma buena predisposición, la muchacha dice por toda respuesta "Y... la lista es variable, no te puedo decir".
11.50 AM
Nos hemos pasado toda la mañana en el aeropuerto, tomando un café un poco más razonable y esperando que nos confirmen algo, cualquier cosa.
Por el altoparlante anuncian que el vuelo en el que nos habían anotado ha sido cancelado. Maldito volcán.
12.58 PM
Mientras almorzamos hacemos algunos números: a este paso vamos a gastar lo mismo en ir y venir en auto entre la ciudad y el aeropuerto que si alquilamos uno por el día, lo cual tendría el beneficio de no depender de terceros. C llama a nuestro jefe y le consulta, felizmente tenemos vía libre.
Llamamos a la camarera para pagar, y bajamos a Avis.
1.06 PM
Avis cerró hasta media tarde, respondiendo a esa linda costumbre de la siesta que persiste en gran parte del país. OK, hace un calor de muerte, pero es un aeropuerto internacional, ¿¿¿cómo se les ocurre cerrar???
1.08 PM
Alquilar auto no es una opción, habrá que pedir otro remise. Vamos al cajero a sacar plata, y casi no nos sorprende descubrir que está fuera de servicio.
La tarde anterior uno de nuestros compañeros sugirió que si teníamos un rato libre no fuéramos a las cataratas, porque con la mala suerte que parece perseguirnos hasta puede que logremos secarlas. Comienzo a pensar que no está tan alejado de la realidad.
2.30 PM
Elegimos una opción más económica: hay un transfer que te deposita en el punto de la ciudad que solicites, así que pedimos ir al banco. Por supuesto ni bien salimos del cajero se larga una lluvia nada despreciable, así que saco el paraguas.
3.00 PM
Frente al panorama lleno de escollos, C sugiere un plan por demás entretenido: siendo punto de triple frontera, entre otras maravillas hay un gran Duty Free en tierra. No dejo que lo piense demasiado, después de todo no cualquier día tu jefe dice "Vayamos de compras". Tomamos otro remise más.
3.40 PM
Salgo feliz, con un perfume nuevo, otro para mamá, y un delineador.
4.07 PM
Pedimos al chofer que nos deje en algún lugar donde podamos conectarnos con wi-fi. Evidentemente la consigna no fue clara, porque nos deposita en un cyber café bastante maltrecho.
5.30 PM
Después de dar vueltas por la zona buscando infructuosamente dónde conectarnos, nos resignamos y tomamos un taxi hacia el segundo hotel, donde nos quedaremos si no tenemos vuelo a la noche.
9.00 PM
No hemos tenido confirmación de regreso, así que usamos el resto de la tarde en refrescarnos un poco (hace como 26 °C y nuestra ropa no es exactamente de verano), intentar responder algunos mails y adelantar algo de trabajo. C ya intercambió varios llamados con el muchacho de la agencia de turismo, que sugirió dejarnos de listas de espera y sacar un nuevo pasaje en el vuelo de la 1.45 PM al día siguiente.
Es tal el agotamiento que tengo que caigo rendida sin apagar la luz ni sacarme las lentes de contacto.
Jueves 28 de julio
10.45 AM
Todos los huéspedes andan de acá para allá en short, relajados, yendo hacia la pileta. Nosotros somos los únicos que estamos dale y dale con la notebook y cara de "me quiero ir de acá de una maldita vez por todas".
Nos pasa a buscar el remise para ir al aeropuerto. Esperamos con todo nuestro corazón que sea el último.
11.30 AM
Hacemos el check in. Para mis adentros pienso que no es garantía de nada, y que sólo me lo voy a creer cuando el avión esté carreteando en Buenos Aires.
1.35 PM
Ya almorzamos, hicimos control de migraciones, y estamos esperando pacientemente embarcar. Un turista presumiblemente francés se nos acerca preocupado, haciendo notar que si el vuelo sale en diez minutos ya tendríamos que estar abordo. No sé si reírme en su cara recordándole que el pasaje es de Aerolíneas Argentinas y que la demora es casi tan certera como la tasa de aeropuerto, o darle un abrazo compasivo.
2.00 PM
El chiste de cambiar de vuelo implicó un upgrade inútil a Business Class, pero como es la primera vez que caigo tan cerca de la cabina no puedo evitar asomarme al pasillo desde mi asiento y sacar una foto.
El comandante nota esto y me dice:
- ¡Pero vení a sacarla más cerca, entrá tranquila!
So much for safety regulations.
2.12 PM
Estar sentada tan adelante tiene otros condimentos: me toca escuchar todos los controles que hacen las azafatas antes del despegue, por ejemplo el conteo de pasajeros.
Aparentemente, una mujer del personal de tierra (a quien se refieren con adjetivos que no denotan inteligencia) no les está dando el dato para cruzar con la cantidad de gente que contaron visualmente.
- ¡Decile que te pase el conteo de almas!
La frase me parece contemporánea del Titanic, y quite frankly un poco tétrica.
2.14 PM
El diálogo del conteo finaliza:
- ... o sea que 126 almas. Bueh, menos la del comandante, que la perdió hace rato.
4.20 PM
Aterrizamos en Buenos Aires.
4.45 PM
El remise que debe llevarme a mi casa no aparece. Lo llaman. Que sí, que está, que el chofer tiene camisa rosa.
Mientras sigo en la dulce espera (Diooooos, me quiero ir!!!), una mujer parada a escasos metros de distancia nota que perdió de vista a su hijo pequeño.
4.52 PM
El crío aparece, el chofer aparece, fin del viaje... falta el epílogo: los comentarios que originó nuestra prolongada ausencia.
4:18 PM
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