Todo lo que te debo

Aproximadamente 267 horas de canciones de cuna, porque cada vez que amagabas a acostarme abría un ojo y te obligaba a hacerme upa de nuevo. Un sinfín de vestidos, camisones, cuellos de puntillas, stickers y labiales, todos extraídos de las célebres valijas en medio de grandes "Ohhhhs" y "Aaahhhhs". Cientos de risas generadas por tus comentarios ocurrentes. La precaución de poner siempre hacia atrás el mango de las sartenes porque "Cuando recién nos casamos, me enganché con el moño del delantal...". Muchas horas en la cocina, aunque las cosas no me salgan tan bien como a vos. La salsa del duende y la ensalada mágica de Nochebuena, que nunca tenían los mismos ingredientes pero siempre quedaban increíbles. Las ganas interminables de conocer el mundo. La manía de planear el próximo viaje en el mismísimo minuto en que estoy aterrizando. La devoción por las postales y los idiomas. La necesidad de estar siempre impecable. El gusto por la ropa y por las cosas lindas para la casa... supongo que buena parte de mi criterio estético, en realidad.

Y algunas otras cosas que no sé si voy a llegar a contarte ahora, pero de las que seguro te vas a enterar.

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