De similitudes transoceánicas y sistemas de archivo

En su reciente post Puede que me guste bailar, mi muy genial amiga B comenta que tiene (y cito textualmente) “una memoria fuera de lo normal, pero sin ninguna utilidad práctica, más allá de su capacidad para perseguirme”. Ocurre que yo padezco del mismo síndrome.

En un hecho igualmente reciente y a raíz de una discusión de esas muy trascendentes sobre los colores de una presentación de PowerPoint, hablaba con P (quien en rigor de verdad es también muy genial) sobre cómo mi mente a veces se comporta sorprendentemente igual que el Windows. Casi todo lo que contiene está archivado en carpetas que respetan alguna lógica de categorización (por fecha, por personas involucradas, por canciones que sonaban en la época). 

Algunas cosas aparecen en más de una carpeta. A veces hay sucesivas carpetas con el mismo nombre y distintas fechas. Y hay momentos en que es complicado clasificar o me aburro de hacerlo, y entonces guardo las memorias apiñadas sin ton ni son, con alguna categoría provisoria que me prometo revisar en algún momento (aunque secretamente sepa que jamás voy a hacerlo).

A veces -y también como el Windows cuando conspira en nuestra contra- me sería útil contar con una opción Ctrl+Alt+Del.

En la misma línea que estos curiosos rasgos, no logro evitar que en ciertas fechas algunas carpetas emerjan, y todos los archivos minuciosamente cerrados se descontrolen. Con el tiempo supongo que fui ganando terreno e ignorando este efecto, pero a veces querría simplemente eliminar días del calendario. Que abril pase del 8 al 11 sin escalas. Que agosto tenga tres días menos al principio. Que el 9 de julio sea un feriado patrio y no el día mágico en que Buenos Aires vio por primera vez en décadas una tímida nevada. Y ya que estamos, que Semana Santa y Navidad dejen de existir. 

Cuando le propuse este innovador concepto a B me contestó muy sabiamente que nunca se sabe lo que podrían ser esos días en el futuro. Que quizás nos estaríamos perdiendo los cumpleaños de los hijos que no tenemos todavía, por poner un ejemplo. Ok, tiene un punto.

Bueno, hoy al mediodía de golpe sentí un estrujamiento cardíaco sin motivo aparente, algo como una tristeza inexplicable. Caminando cuando me bajé del charter, poniendo una canción alegre tras otra en el iPod a ver si lograba sacudirme un poco esa sensación, me di cuenta de que es 15 de junio. Trigger. 

Buzo de rayas. Helado. Cumpleaños y día del padre. Cuaderno de matemática. Botas, pollera de jean, polera azul. Shania Twain. El juego de la vida. Señales cruzadas. El primer beso más lindo del mundo. 

El 15 de junio marca el inicio de algo que quería con todas mis ganas, tuve por un tiempo mínimo, y desapareció poco después. No, mentira, no desapareció. Se volvió confuso, difuso, nublado, indefinido y borroso. 

No es que importe mucho porque total nunca vas a leer esto, pero un pedacito de los cuarenta minutos de los viernes es pura y exclusivamente tu responsabilidad, F. 

2 comments:

La Venganza de la Mariposa said...

:) Hacía mucho que no escuchaba (leía) "estrujamiento cardíaco".

Sherezade said...

Y pensar que fue justo él el que me inspiró semejante definición...

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