"¡Vivamos livianamente!"


¿Quién fue la primera que me enseñó análisis sintáctico? ¿María José en tercer grado o Marta en cuarto? Para el nivel de detalle con el que suelo recordar hechos mínimos, encuentro cuanto menos notable no poder precisar con certeza un momento tan trascendente en mi vida. Cualquiera sea el caso, ¿cómo es que ninguna de ellas dos, ni Cristina, ni Jorgelina, ni Mónica, ni Pla ni Maccarone tuvieron la decencia de anticiparme cuánto iba a determinarme esa disección sin aparente utilidad para la vida diaria?

Es de locos. Sujeto. Verbo. Predicado. Subimos dos escalones de un salto: análisis semántico y morfológico. Corchetes. Llaves. Objeto directo. Pronombre. Sujeto desinencial. Objeto indirecto. Adverbio. Preposición. Conforme pasan los cursos, tendemos a pensar que en el futuro esto tendrá la misma aplicación que la existencia de las mitocondrias en las células o la definición de Nación y Estado. Un recuerdo vago mezclado en el medio de canciones y juegos y charlas de recreo. Gran error.

La mayoría de los mortales no sabe entrever en su realidad cotidiana cómo asoman las ecuaciones diferenciales y la trigonometría. En un grupo no menos selecto se encuentran los que olvidaron esas tablas infernales en las que cada palabra tiene tres niveles de actuación, por su función en la frase, por sus accidentes (qué expresión más curiosa…), y por su significado.

Hete aquí que todas las interacciones humanas se rigen por estos podridos análisis. Para probar mi punto:

Exhibit A: Con la familia. “Lo que mamá me dice en esa discusión sin pies ni cabeza no es que voy a llegar de noche saliendo al mediodía, y viajando 350 km a un promedio de 90 km por hora, porque eso no tiene ningún sentido. Las estadísticas dudosas de los accidentes en la ruta que va a Entre Ríos no vienen a cuento. En realidad el subtexto es ‘No estés ausente en el día de la madre’”.

Exhibit B: En el trabajo. “¿CÓMO VAS A PONER ESO EN LA PRESENTACIÓN? Ojo con el mensaje, que en la reunión va a estar (fill in the blanks, jefe, cliente, director)”. Ah, las delicias de la corporate bullshit.

Exhibit C: Con la pareja. “Lo que me quiso decir F por medio de esas frases inconexas fue…”. O bien “Si no elijo las palabras con cuidado, A (o J, o G, o…) va a malinterpretar todo y salir corriendo”.

Lo mismo pasa con los amigos en las charlas, con los profesores en las clases, con los políticos en sus discursos y con los periodistas en sus notas. Y no digo “con los vecinos en las reuniones de consorcio” o “con los padres en las reuniones de idem” porque esas son dos situaciones sociales en que el común de las personas no actúa según los parámetros de ninguna lógica identificable.  

Como resultado de todo esto, para comunicar lo que una quiere (o interpretar lo que los otros dicen) hay que jugar un ajedrez infernal que ni Shannon ni Jakobson fueron capaces de plasmar en sus modelos. Es necesario anticipar ocho jugadas y todas sus posibles derivaciones. Trepar un árbol de decisión de las proporciones de una sequoia milenaria. Sencillamente agotador; una cuota de calorías que más vale quemar en actividades más reconfortantes.

Y sin embargo, sin importar cuánto se planifique, anticipe, evalúe y analice, hay cosas que sencillamente ocurren fuera del libreto. Cosas no menores, que muchas veces marcan hitos o cambios de rumbo. Sobre todo eso reflexionábamos con mi amiga M, cuando se le dio por lanzar una de esas verdades indiscutibles que sólo afloran en las charlas telefónicas de medianoche: “Habría que tomar un curso con V acerca de cómo vivir más livianamente”. M no aludió en modo alguno a la ensalada en la que se ha convertido mi cabeza en los últimos tiempos, sino al modus operandi con el que se desenvuelve nuestra amiga V cualquier día.

V hizo todo el colegio con nosotras (con M más años que conmigo). Tuvo a las mismas maestras. Usó los mismos manuales de AZ y Santillana. Rindió las mismas pruebas. Sin embargo no aplica el más mínimo análisis a lo que dice o hace. Piensa, siente, se le antoja algo, y ¡zas! lo suelta sin ningún tipo de filtro y ya. Lo saca de su sistema. Representante emblemática del twitter-way-of-living, corona la mitad de sus ocurrencias con un hashtag que la pinta de cuerpo entero: #listolodije. Va por la vida como un espíritu libre, según sopla el viento... y aunque ha tenido desaciertos, no es menos verdadero que se ahorra una buena porción de stress.

No pude evitar la carcajada ante la sugerencia de M. Y no obstante, empiezo a pensar que this day and age puede que tenga un punto. La consigna es repetir como un mantra “¡Vivamos livianamente!”, y en una de esas me convenzo. 


Ja, ni los creativos de Beldent arribaron a semejante concepto.

5 comments:

Pingo said...

Rescato de todo este mambo el concepto de "twitter way of living". No la tenía. Está bueno.

Sherezade said...

El twitter es una herramienta que parece curiosamente diseñada para V, a quien siempre le fascinó broadcast su vida... y algo parecido pasa con facebook y sus vínculos sociales. Es como si su modo de ser se hubiera adelantado a la existencia de las redes!

Bienvenido Pingo a la salida del anonimato lector :)

Blanca said...

Definitivamente, o cae un Skype o me quedo en laguna total de capítulo intenso...

Sherezade said...

En efecto querida amiga, es altamente necesario separar dos o tres horas de Skype en la agenda, porque sobran temas de los que charlar :)

La Venganza de la Mariposa said...

Tarde pero seguro, aunque un poco al margen de la conclusión, me atrevo a decir: ¡ay, las delicias de la teoría de los discursos sociales! ¡Cuánto aclararía, enriquecería (y densificaría) Eliseo Verón el temita de las cosas fuera de libreto! :P

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