Un golpe de suerte, el café de las tres...

Esta mañana llegué extrañamente a tiempo a la parada del charter (claro: salí corriendo de casa con el pelo medio mojado, dejando todo el depto bastante revuelto, llevándome puesto a un hombre a la salida de mi edificio, esquivando a un padre y a sus tres críos de camino al colectivo). 

Para celebrar mi ontimeness el charter se demoró 20 minutos. Y mientas esperábamos su gloriosa llegada, justo frente a mí y a un hombre que también sube en Carlos Pellegrini y Paraguay pasó mi profesora de Francés de B4. OK, el hecho no es tan descabellado: la Alianza está a dos cuadras de la parada. Pero igual me sorprendí, porque pasaron muchos años (casi que ni quise hacer la cuenta).

Inmediatamente me acordé de mi amiga M, y de cuando nos aburríamos del exposé de los otros y armábamos chats en mi cuaderno.

De cómo siempre me asignaban los temas difíciles para preparar, para los que sistemáticamente armaba la estructura y el contenido un poco en el 126 de camino a la facu y un poco entre clases. Y de las correcciones innecesariamente puntillosas de esta buena mujer.

De Bernardita, y de cómo su modo de hablar le daba un nuevo sentido al término agonía

De "¿¡¿TIENE PROBLEMAS?!?". 

De la chica de las sandalias de mal gusto que se nos unió bien avanzado el curso.

De los sueños bizarros que tuve en los meses previos a rendir, en los que invariablemente pasaba algo que hacía que perdiera la hora de preparación. Y de cómo casi se materializaron el día del examen, cuando el 23 me jugó una mala pasada.

De cómo la hora en cuestión (que de milagro no perdí) igual no me alcanzó, y tuve que usar mi actuación digna del Oscar de ese año para que no se notara delante de los examinadores que no había llegado a ninguna conclusión certera antes de exponer.

De los nervios cuando fui a buscar la nota, porque haber desaprobado ese examen dos años antes había sido un durísimo revés a mi ego parlanchín. Y de la alegría inmensa cuando encontré el resultado.

De las cosas que en esa época me preocupaban o me tenían triste. De cómo (casi) todas hoy ya no tienen ningún sentido, porque las superé o simplemente pasaron.

Y de las cosas increíblemente felices que llegaron poco después, que cambiaron radicalmente mi vida (aunque en ese entonces fuera incapaz de avisorarlas, claro está).

Y decidí que, así como muchas veces me pregunto qué significan las extrañas señales que me envía el Universo en la forma de hechos inverosímiles, ver a la profesora de B4 no puede ser otra cosa que un buen presagio.

2 comments:

Blanca said...

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La Venganza de la Mariposa said...

A mí también. :)
Bellas épocas... En ese orden de cosas me remonto a la primaria, los Examen Blanc y las siestas sin par que dormía después del examen de fin de año...
El radiopasillo que afirmaba que, si venía de la Alianza, o bien era un amor, o bien era una bruja... el pequeño Carnet azul donde asentaban la nota, los libros que nos "ganamos" (por nerds) en 2º grado, el caos de los patios cuando venían a rendir de otros coles, la vez que nos encontramos con Eugenia y Amalia y mil etcéteras dignos de novelas de Alma Maritano. :)

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