Que se vayan todos


Los Mickey babies. Las fotos en las que no entiendo el tag. El papel de carta con flores y un poema premonitorio. El “te quiero demasiado, pero no”. La pizza de Moon Power. El helado de Saverio. El otro helado de Saverio. El cuadernito de Kio. El pronóstico del tiempo en Federación. La terminal de Retiro. El pianista de la estación de tren y el cartel del aeropuerto. El león, la bruja y el ropero. Los chocolates del local de Palermo. El vecino desubicado que no se callaba cuando ya no había nada que decir. El amigo desubicado que no entendió que ahí no tenía nada que hacer. Los proyectos basados en la solución mágica. La fabricación de celulares en Tierra del Fuego. Bette Davis y Thin White Duke. La encomienda. Los tostados después de La Farmacia. El show de magia de cerca. La entrada de la ópera. Dora la exploradora. Todas las cartas que no mandé. El juego de la vida. Buscando al Tío Lucas. Las charlas hasta las mil y quinientas, y las de toda la noche y parte de la mañana. El martes cultural de sorpresas desagradables. Los “no sabía a quién contárselo y te llamé a vos”. Las sesiones de terapia amateur y ad honorem. El domingo de pascuas y los pickles. La escalera al séptimo piso y el viaje familiar. El debate sobre las lentejuelas y el examen de Simulación. La música perfecta en el auto. Toda la familia, los amigos de la familia, los amigos del colegio, y el ortodoncista. La choco-cake. El perro, el gato, y el saludo de cumpleaños a medianoche. El examen de Estática y Resistencia de Materiales. Y el último de la carrera. El batimóvil. Los “ni sí ni no, sino todo lo contrario”. El llanto después de la tesis. La Hacienda Pública. La línea A y el 29. Las instrucciones para desmontar y despachar el obelisco egipcio. Las postales que no compré en Paris. Las pesadillas de papel picado. La pizza y el karaoke. El perno de la Tour Eiffel. El último metro de la noche en Madrid. La luna sobre Castellana. Los planteos sin sentido por todos los canales existentes. Las estaciones de servicio 24 horas. La esquina del Banco de Tokio. Los patos y el Rosedal. El vestido azul y los peep toes con cerezas. Los puntos de inflexión, los puntos y coma, y los puntos suspensivos.

2 comments:

Blanca said...

Que se vayan! Y que se vayan bien lejos...los emisores de frases inconexas, las pofesor, los llorones, los que pasaban por aquí y los soniditos del chat, los días de lluvia, los mentecatos con ansias de mando, los que se quitan los zapatos en los autobuses (y les huelen los pies), los que no saben llevar un paraguas, los que preguntan si sigues por ahí con 12 horas de retraso, los retrasados, los adelantaditos, los que no se enteran, los madrugones, los despertadores, los que dicen que sí cuando por educación les ofreces de tu almuerzo, los planetas pequeños, el árbol, la casa, su dueño, el gato y el ratón, que se vayan! los que no saben mentir, la comida precocinada, la lechuga iceberg, los disfraces de Papá Noel, los que corren antes de las 8am y los que copan la orilla con sombrillas de propaganda cervecera...que se vayan, oigan!
Inspirador post, creo que va a traer cola...

Sherezade said...

Sos una de las pocas personas que puede llegar a deducir un buen porcentaje de estas frases aparentemente inconexas... y yo reconozco buena parte de las tuyas :)

Post a Comment

Followers