Cenizas, oro y tierra colorada (Segunda entrega)

Martes 26 de julio

4.35 AM

Mi papá toca la puerta de mi habitación.

- ¿Qué pasa?

- Nada, no quería que te quedaras dormida...

- ¡¡¡¡Pero si no me tengo que levantar hasta dentro de media hora!!!!

5.00 AM

Suena el despertador. Debería ser ilegal salir de la cama a semejantes horas.

5.40 AM

Ya bañada, semi pintada y con el impermeable puesto, me tomo un taxi hacia el aeropuerto.

6.16 AM

Una vez que termino mi rutina de arreglo en el baño de Aeroparque (lucir decente tan temprano es muy complicado) me reúno con C para tomar un pequeño desayuno. Mientras en eso estamos se nos unen tres personas más que viajarán con nosotros: S1 y S2, de Operaciones Logísticas (es el sector que se ocupa de almacenamiento y despacho), y H, de la empresa de transportes que atiende al cliente al que vamos a visitar.

7.10 AM

La ciudad hacia la que estamos viajando es Colonia Wanda, muy próxima a Iguazú, provincia de Misiones. Como es de público conocimiento, las cataratas son un punto turístico muy concurrido durante el todo el año, pero particularmente en esta época porque el calor y la humedad son más soportables.

Mientras embarcamos no puedo menos que notar que debemos ser los únicos pasajeros viajando por un tema laboral.

9.32 AM

Ya estamos en camino hacia Wanda, en un auto que alquilamos para la gira. En rigor de verdad, C y yo volvemos esa misma noche, el resto del grupete continúa la gira hacia el sur de esa región durante los siguientes dos días.

Como somos cinco adultos (cuatro hombres y yo) vamos un poco ajustados.

10.12 AM

Levantamos al último pasajero a la entrada de la ciudad, otro tipo de Operaciones Logísticas pero de las oficinas del noreste. Definitivamente la escena es semejante a los autitos de los payasos en el circo.

10.23 AM

Llegamos al cliente. Descompresión. Entramos al depósito, saludamos al dueño, al jefe de depósito, al empleado administrativo, al hijo del dueño... y este es un buen momento para un impasse.

La gente con la que viajo todos los días en charter es muy especial, y como somos pocos nos conocemos bastante. Entre otros personajes notables se encuentra M. En algún momento que no logro precisar -entre julio y diciembre de 2010- decidió que era muy divertido molestarme de diversas maneras, y ha convertido esta actividad en un deporte de competición. En un día promedio:

1) Se sube una parada después que yo, y me mueve el respaldo del asiento mientras me maquillo. Cualquier día de estos aparezco en la oficina con una línea negra que atravesándome la cara, o con la varita de la máscara de pestañas incrustada en la córnea.

2) Empieza con sus chistes sobre el fact of life de que soy profesora de alumnos de 21 años, y todas las barbaridades que a ese respecto puedan decirse.

3) Si estoy cansada o somnolienta lo adjudica a mis noches de desenfreno (?), y me mueve el asiento nuevamente a la voz de "TERREMOTO!"

4) Pasa a media mañana a buscar a un amigo suyo que se sienta en mi pasillo, para ir a por un café. En su trayecto me desordena el escritorio.

5) Repite este último paso a la tarde, llevándose alguno de mis lápices, tirándome el calendario o escondiéndome la tarjeta de acceso.

6) Sigue con sus chistes en el trayecto de vuelta.

Por supuesto sus arengas arrastran a otros de los asistentes, y de alguna forma me convierto en el centro de todos los chistes.

Bueno, algunas semanas antes de mi viaje se enteró de que iba para Misiones, y recordó que el cliente al que visitaríamos tiene un hijo. Este tema fue objeto de numerosos comentarios y recomendaciones de conquista, que hasta le transmitió a mi gerente un día que se lo cruzó en el coffee corner... mi vergüenza alcanzó puntos insospechados. Sus fabulosos planes de engancharme con el susodicho heredero del negocio -asegurando así mi futuro económico- prendieron como pólvora entre los otros pasajeros, que en seguida sumaron sus impresiones (porque de alguna forma todos conocían a la familia por reuniones de trabajo, visitas o convenciones de ventas). Lo que saqué en limpio de tanta consulta popular fue:

1) Que padre e hijo son muy ostentosos, y en cualquier día normal llevan medio kilogramo de oro encima en la forma de anillos, cadenas y pulseras.

2) Que no tienen ningún empacho en tirarse lances a las mujeres.

Así que volviendo al momento en que llegamos y saludamos a todos, yo esperaba encontrarme con dos negros del Bronx destellando *blingbling* y con propuestas indecentes bajo la manga. Lo comprobé a primera vista es que no tenían tanto oro encima (OK, cadenita, pulsera bien visible, sendos anillotes de sello con iniciales, pero al menos no un colgante con el signo $).

11.03 AM

Transcurre la primera parte de la reunión, hablando sobre el trabajo cotidiano, las entregas, las sugerencias, los problemas de calidad, posibles mejoras a los procesos. Va pasando el mate. En mi cabeza escucho todos los comentarios de mis compañeros viajantes, y tengo que hacer esfuerzos sobrehumanos para no estallar en carcajadas. Anoto con dedicación varios de los temas mencionados, con tal de que no se me note el diálogo interno.

12.20 PM

El motivo principal de la visita es conocer el nuevo depósito que el cliente está construyendo, para hacerle una propuesta sobre cómo organizar la mercadería en el interior. Hacia allí nos dirigimos en el impresionante Honda blanco de la familia.

12.35 PM

Recorremos las nuevas instalaciones, saco numerosas fotos para tener una mejor idea de cómo convendría disponer las estanterías y organizar los pasillos.

1.05 PM

R, el padre, invita a almorzar en un restaurant suizo de la zona. Nos comenta que se trata de un lugar muy familiar, y que los dueños no tienen ninguna intención de contratar más mozos o cocineros, así que puede que la comida demore un poco.

1.16 PM

El mozo nos toma la orden.

2.08 PM

Todavía no nos han servido la comida, y ya pasamos por todos los temas de conversación de rigor: el negocio, la política del país, la economía de la región, los programas de espectáculos.

3.04 PM

En la puerta del restaurant nos despedimos de los que continúan viaje hacia Posadas. O, el hombre de las oficinas de Resistencia, me pregunta de sopetón:

- ¿Vos qué sos de D Rodríguez?-

- ¿¿¿QUÉ????

La pregunta me descoloca: D habrá hecho algún comentario extraño? En seguida comprendo que en realidad se trata de un mal chiste porque tenemos el mismo apellido (nosotros y el 47% de los hispanoparlantes...). Me río tontamente y digo algo tipo "Primos lejanos...".

3.35 PM

Volvemos al depósito actual; mientras C toma algunas medidas y revisa cantidad de estanterías disponibles, yo me quedo en la pseudo-oficina analizando el volumen de mercadería y cuánto lugar ocuparía en el nuevo edificio.

3.40 PM

Llama mi madre, a quien dejé provisoriamente a cargo del tema departamento. Malas noticias, lo reservaron. Que la mujer esta sólo tuvo las llaves al mediodía, y que poco rato después ya estaba off the market. Gran decepción.

4.06 PM

Mientras voy y vengo por las solapas de mi gran Excel, L (el famoso hijo) empieza con si esa es la primera vez que voy a Misiones, y si soy de salir con mis amigas, y qué planes armamos los sábados y tal.

- Bah, no me fijé si tenés anillo... (!!!)

- No, no tengo...

- ¿Y te dan permiso para salir? Porque novio sí tenés, ¿no? (??????)

- Jajajaja, no... y si tuviera, no sería uno al que le tuviera que pedir permiso para salir con amigas!

OK, M y compañía tenían un punto.

5.25 PM

Entra C, y con él más malas noticias: la novia le avisó que están cerrando Aeroparque por presencia de cenizas.

6.07 PM

Supuestamente debería salir un comunicado anunciando la situación de los vuelos de la noche, pero Aerolíneas no publica nada. Dada la experiencia que tenemos fresca en la memoria, comenzamos la averiguación de reservas hoteleras.

Claro que como es temporada alta no hay una sola plaza, mucho menos dos habitaciones separadas. Después de llamar a los tres lugares recomendados por el jefe de ventas, el programador del cliente comenta que él arregla las PCs de la Posada Bemberg, situada en medio de la selva y a siete kilómetros de todo rastro de civilización, por un camino que ni está pavimentado.

La tarifa es carísima, pero dadas las circunstancias no podemos hacer más que aceptarla.

7.14 PM

Aprovechando un impasse en el trabajo, salgo a la calle para llamar a casa y avisar que es altamente probable que no regrese esa noche. Le cuento a mi hermana sobre el resultado de los chistes del charter.

Mamá, por su parte, opina que en realidad el cuento chino de la dueña de vacaciones y la falta de llaves eran puras excusas, y que la mujer de la inmobiliaria ya tenía a un candidato cuasi fijo. Puede que tenga un punto, pero no me saca la desazón.

7.50 PM

Nos vienen a buscar de la dichosa posada. Solicito hacer una parada en una farmacia, donde compro shampoo y acondicionador. Internamente me felicito por haber previsto la necesidad de ropa.

8.32 PM

Llegamos a destino. La foto a continuación debería mostrarles a los seguidores de Lost por qué inmediatamente nos sentimos en las facilities de la Dharma Initiative, pero de lujo: crema y gel de ducha de L'Occitane, secador de pelo de peluquería, pantuflas al costado de la cama.




9.12 PM

Mientras cenamos se acerca la mujer de la recepción y nos anuncia que en efecto todos los vuelos han sido cancelados hasta nuevo aviso, que lo mejor que podemos hacer es ir al aeropuerto a la mañana siguiente a ver qué pasa.

Desde el teléfono de C (el mío no tiene señal, aparentemente Claro no cuenta con antenas en las cercanías de aquel paraje...) mando mensaje a una de las mujeres de la combi anunciando que estamos varados. Preveo convertirme en la comidilla del pasaje a mi regreso.

11.54 PM

Me duermo arrullada por los curiosos sonidos de la selva.

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